Es importante a la hora de hablar de educación musical tomar en cuenta que todo método de enseñanza, incluyendo la musical, se quiera o no, posee una naturaleza socio-cultural y responde a una forma particular de ver el mundo, y que la finalidad principal en la educación musical temprana no es la de promover músicos, sino la de potenciar el desarrollo de las capacidades de cada ser humano.
Y cuando utilizamos la palabra desarrollar, no lo hacemos gratuitamente, sino que señalamos la posibilidad de que mediante herramientas teóricas y esfuerzos prácticos podemos llegar a analizarnos a nosotros mismos, a encontrar nuestros defectos y fortalezas, a corregirlos y a potenciarlas.
Bueno, y ¿para qué la música?, ¿qué esperamos de ella?, ¿cuál es la mejor manera de entenderla, producirla, consumirla? Y en el caso que nos ocupa: ¿cuál es la mejor manera de enseñarla y de aprenderla? ¿Qué tipo de individuos queremos formar y qué tipo de maestros se ocupan para hacerlo?
La educación musical aporta mucho más allá de lo que la mayoría de los costarricenses considera importante, ya que se desarrollan seres humanos sensibles a los demás y consientes del “yo colectivo”. Se facilita el aprendizaje, se ejercita la inteligencia, se desarrolla la capacidad de concentración y de la memoria tanto a corto como a largo plazo y se induce tanto la colaboración intergrupal como el entendimiento cultural, puesto que aquellos niños y jóvenes pertenecientes a otras partes del país, e incluso de otro países, por primera vez se sienten parte de algo, ya que al romper la música las barreras del idioma, les brinda a ellos una gran oportunidad para sentirse parte de un gran mundo, como la música lo es.
Además sabemos que las realidades sociales de los estudiantes varían muchísimo y qué mejor manera de incluirlos a todos que en una orquesta a la cual pertenecen todos, sin importar las diferencias de clases, etnias, credo… Es relativo a referirse a una minisociedad conformada por la familia de los instrumentos musicales. Con solo uno de los miembros que no se comprometa, todos los demás se verán afectados… Igualmente, sabemos que vivimos en un sistema ferozmente competitivo, en el cual se predica la ley del más fuerte, ¿Cómo enseñarle a un muchacho o a un niño conceptos tan ajenos a su realidad social tales como solidaridad, trabajo en equipo, tenacidad, esperanza, seguridad, identidad? ¿Cómo hacerles entender que todos dependemos de todos y que si uno falla, todo se comienza a desboronar? ¿Cómo hacer de ellos seres humanos diferentes a esa masa colectiva que la globalización tanto busca instaurar? ¿Qué mejor manera de demostrarle a un joven el valor de la tenacidad y de la responsabilidad cuando se le entrega un tesoro tan grande como un instrumento musical? Es aquí donde la educación musical toma un papel indispensable, y donde los docentes especializados en educación musical adquieren protagonismo.
Para mí, el ideal de estudiante no es aquel que se sabe de memoria lo que le enseñan, o que hace todo lo que le dicen que haga; sino aquel que puede llegar a ser su propio maestro de forma consciente y efectiva, esto es, un individuo crítico consigo mismo, con los que le rodean y con el medio en el que se desenvuelve.
Claro que lograr esto no es un procedimiento sencillo, pero sí puede llegar a ser un proceso fascinante tanto para el maestro como para el estudiante, un proceso de continuo descubrimiento, de aprendizaje, de estudio.
Con esto sale a relucir otra característica importante y es que la enseñanza debe ser una vía horizontal. El maestro acompaña a su estudiante a través de ese camino de adquisición de conocimiento y habilidades, pero en ese camino el maestro también aprende, incluso aprende a enseñar, y en ese sentido el estudiante se vuelve a su vez, sin quererlo, maestro. Y esa es otra característica con la que, a nuestro parecer, deben contar los profesores de música, esto es, estar abiertos a aprender cosas nuevas, a buscar nuevas formas de enseñar o a mejorarlas si el caso así lo requiere.
No se trata de una transmisión de conocimiento, ni siquiera simplemente de compartirlo. Es una cuestión más bien de que ambas partes lo construyen. Ya sabemos que no existen verdades absolutas, sino que son aproximaciones más o menos exactas a la realidad.
Cada persona tiene el derecho de disfrutarlo de la manera que mejor le parezca. Es absurdo y paradójico que algo tan bello como la música llegue a convertirse para los estudiantes en fuente de sufrimiento, de incomodidad o de frustración, a causa de los errores pedagógicos de sus profesores.
Apostemos por una enseñanza de la música que potencie la felicidad de las personas, que las vuelva más completas, más sensibles, en otras palabras, más humanas.